La singularidad arquitectónica de Canfranc
Una fundación en la frontera
Desde su propia fundación, el hecho de que Canfranc fuese núcleo fronterizo hizo que sus relaciones con el otro lado de la cordillera, tanto a nivel comercial como de modelos de vida, relaciones, urbano y arquitectónico, propiciase que la localidad presentase unas peculiaridades frente al resto de localidades de la comarca. La primera de estas características de Canfranc es su urbanismo, donde la única calle conforma su estructura. Este hecho ya viene destacado por Juan Bautista Labaña, que en el siglo XVII escribió sobre la villa de Canfranc:
La historia del núcleo de Canfranc y su trazado urbano se encuentra íntimamente vinculada al camino de Francia (Camino de Santiago) por el Somport. Su fundación nos remonta al siglo XI, cuando el rey Ramiro I de Aragón cedió a la catedral de Jaca los derechos del peaje de Campo Franco. Alfonso I el Batallador dio al priorato de Santa Cristina de Somport un palacio, un molino y un horno que tenía en Canfranc debido a la gran afluencia que existía de franceses y peregrinos. En 1170 Alfonso II concedió a los habitantes de Canfranc diversos puertos y el privilegio de no pagar lezda. Los privilegios reales fueron aumentando para garantizar a los habitantes de Canfranc un sustento, asegurando la pervivencia de una localidad estratégica. Un urbanismo singular Dada su ubicación, el urbanismo de Canfranc se encuadra en el modelo ideal de plano burgués, que consiste en manzanas alargadas, abiertas a la calle por uno de los lados largos, quedando conformadas por parcelas estrechas y profundas. El plano de Canfranc sería el paradigma de lo que ha venido en llamarse planta de ciudad-itinerante, organizada entorno a la calle única central, que coincide con el propio Camino de Santiago, a la que abren las manzanas de casas conformadas por la tipología de parcela ya descrita. Esta tipología de parcelas, con una anchura de fachada igual para todas, solía responder a la longitud usual de una viga de madera, o de ésta más el ancho de la escalera longitudinal, correspondiendo aproximadamente entre 4’50 y 6 metros. Arquitectura tradicional Lo que realmente singulariza a Canfranc frente al resto de núcleos de la Jacetania son sus edificaciones, de claras similitudes con los pueblos de la vertiente francesa del Pirineo, como Urdós. La vivienda en Canfranc se dispone dentro de las parcelas alargadas, con sus edificaciones principales alineadas a la calle única, generándose un continuo edificado lineal. La parte posterior de los solares se reserva para construcciones ganaderas y de almacenaje, así como pequeños espacios libres a modo de corrales. Entre edificaciones existen unos espacios llamados venillas, que canalizan las aguas de los tejados y sirven, eventualmente, de cortafuegos. La comunicación transversal de estas zonas traseras con la calle principal se garantiza mediante pequeñas calles denominadas barrios. La vivienda principal posee normalmente tres alturas y cubierta mediante tejados de gran pendiente. Los materiales utilizados son el sillarejo de la zona con revoco para impermeabilizar en los muros, mientras que para la cubierta se emplearon los llamados rejes (tablillas de madera), sustituidos progresivamente por loseta de pizarra del país. En la cubierta se abren pequeñas lucanas que dan luz a los espacios bajo cubierta, así como las chimeneas, de planta cuadrada o rectangular. Es singular y característico que en Canfranc no existen las clásicas chimeneas troncocónicas de otras zonas de la Jacetania y el Pirineo. Del mismo modo, como muy bien reflejan fotografías de comienzos del siglo XX, los tejados de Canfranc presentaban una gran variedad: desde la más común de cubierta a dos aguas siguiendo el eje longitudinal de la vivienda, hasta las soluciones de cubiertas compartidas por varias viviendas (debido a su escasa anchura); cubiertas a doble vertiente en eje perpendicular a la vía pública con hastial matado, el cual genera un pequeño faldón de cubierta en su frente de vía pública; o tejados a cuatro aguas. Todas ellas presentan una pendiente superior al 100 %. Frente a esta diversidad de cubiertas, las fachadas aparecen enlucidas y pintadas en blanco, y la articulación de cada una de ellas se hace de una forma racional y práctica, conformada por vanos de iluminación arquitrabados, con pocas concesiones a lo ornamental, salvo algunas donde sus marcos (jambas, dintel y alféizar) se tallan con molduras de bocel y cuarto bocel. A esto se contraponen los vanos de acceso principales de la planta calle, que pueden realizarse en arco de medio punto, e incluso se conservan algunas con claves de tipo de arco conopial ligeramente insinuado. Las edificaciones de tipo ganadero y de almacenaje suelen dejarse con el sillarejo visto, y con escasos vanos de iluminación, ya que su función principal no es la de vivienda. Los muretes que cierran las parcelas son también de sillarejo y mampostería, de altura no superior a un metro y rematados con piedra labrada en media luna en todo el ancho del muro. El incendio de 1944 Un hecho a tener en cuenta en la historia de Canfranc son los incendios. El último de ellos, el de 1944, fue clave para que Canfranc perdiese gran parte de su población y de su arquitectura tradicional. Sin embargo, todavía hoy es posible reconocer en las edificaciones, que medianamente sobrevivieron a este incendio y a la crisis poblacional y vital posterior, la tipología urbana y edificatoria medieval de Canfranc. Presente y futuro de la arquitectura canfranquesa En los últimos años se han construido edificaciones muy agresivas con la escena urbana de Canfranc: edificaciones de gran altura, con utilización de pendientes de cubierta y soluciones ajenas a la construcción tradicional. Se actúa sobre varias parcelas, con construcción de aparcamientos en planta semisótano, y ello da como resultado unos “artefactos” que descomponen la imagen fragmentada en la escala y heterogénea en las soluciones constructivas empleadas que ha caracterizado desde siempre al núcleo de Canfranc. Esto ha llevado al Ayuntamiento de Canfranc a la redacción de un Plan Especial de Protección de Canfranc – Pueblo, al amparo de la incoación del expediente de declaración de Bien de Interés Cultural del Camino de Santiago en su tramo aragonés por parte del Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón (tanto su trazado como los núcleos que lo conforman), a fin de garantizar que la imagen tradicional y singular de Canfranc no se vea afectada, al mismo tiempo que se dinamiza y recupera el propio núcleo para el futuro. |