Ruta: Borreguil de la Cuca

Interés:

Desde esta ruta nos podemos acercar a las obras de protección pasiva frente a aludes de nieve situadas en la parte inferior del barranco de Estiviellas, al oeste de la iglesia. Se trata de un enorme muro de contención ejecutado con tierra del entorno y con una base de escollera y un poco más arriba de grandes cilindros de hormigón armado. Estos segundos elementos tienen el objeto de obstaculizar y minimizar la energía de los posibles aludes que puedan descender por el barranco de Estiviellas y que no hayan podido ser detenidos más arriba.

Al ascender, y desde la margen izquierda del barranco de Estiviellas, tenemos acceso a los diques vacíos y rastrillos situados en el cauce del barranco de Estiviellas. Estos diques tienen una longitud creciente en sentido ascendente que es de 25, 42 y 64, 64 y 80 metros respectivamente. El superior, y de mayores dimensiones, como se ha comentado antes, se destruyó por el alud de 1986. Los diques son de mampostería de piedra y se puede transitar por la parte superior de los mismos en los tres inferiores. Desde la parte superior de los diques y su entorno tenemos muy buenas vistas del canal de aludes de Estiviellas. Este canal sufrió en el año 1986 un gran alud de nieve polvo que eliminó la masa de pinar establecido y donde prospera actualmente un bosque mixto compuesto principalmente por frondosas.

Desde los diques y algún pequeño claro tenemos vistas de la vertiente este del valle de Canfranc a la altura de la estación internacional. Observamos enfrente las cuencas de los barrancos de Picaubé, Cargates, Epifanio y Samán con sus canales de aludes y las obras de estabilización del manto nivoso ejecutadas para la protección de la estación internacional de tren en la primera mitad del siglo XX. Estas obras consistieron principalmente en la construcción de multitud de muros de piedra, algunos de grandes dimensiones, en la cabecera de estos barrancos.

En la cabecera de la cuenca del barranco de Estiviellas encontramos multitud de muros de contención de aludes construidos en piedra y algunos de ellos, sobretodo en la margen derecha del barranco, son de grandes dimensiones. También encontramos puentes de nieve, construidos con hormigón armado, en dos localizaciones muy concretas y que son accesibles por caminos de aproximación desde la ruta. La ruta también nos permite aproximarnos a las redes metálicas colocadas en la base de los cantiles rocosos que cierran la cuenca por el extremo suroeste. Se trata de infraestructuras de más reciente construcción y que ya se encuentran fuertemente deterioradas poniendo en evidencia el mejor comportamiento de las obras ejecutadas en la primera mitad del siglo XX.

Al ascender, en la mitad inferior, atravesamos masas adultas y especialmente densas de pino silvestre, haya y monte mixto de frondosas. En la mitad superior nos encontramos con un bosque abierto donde domina una mezcla de coníferas de alta montaña donde aparecen hasta tres especies alóctonas provenientes del medio alpino que son el alerce, la pícea y el pino mugo. La mayor parte de estas masas tienen su origen en la repoblación forestal. Los pies arbóreos de la cabecera del barranco de Estiviellas presentan la característica curvatura basal originada por la deformación juvenil de los árboles producida por el empuje de la nieve.

En la ruta de descenso se atraviesa el antiguo vivero "volante" de Secrás donde observamos antiguas construcciones y el aterrazamiento del terreno. Como nota de interés botánico destacar el bosque adulto y especialmente denso de píceas que se recorre en la parte superior del trazado de descenso por la cuenca del barranco de Secrás. La pícea se diferencia de nuestro abeto por tener piñas colgantes, tener todas sus hojas aciculares insertas a modo de deshollinador y no dejar una cicatriz redonda o elíptica perfecta al arrancar las acículas, lo cual si ocurre al arrancar las acículas del abeto (corte limpio). También es importante saber que el alerce (Larix decidua), especie muy presente en la parte superior de esta ruta y que como la pícea proviene del arco alpino, tiene una madera "imputrescente", y se trata de la única conífera europea que pierde sus hojas en invierno, es de hoja caduca.