Estas casetas, al igual que muchas existentes en los Pirineos, representan los últimos vestigios de un modo de vida agrícola y ganadero, de una manera de utilizar el territorio y sus recursos. Muestran una antigua técnica constructiva cuyo objetivo era servir de cobijo ante las inclemencias del tiempo a los agricultores y ganaderos cuyo trabajo se desarrollaba en la montaña. Se caracterizaban por estar construidas en piedra seca con materiales del entorno.
En todas ellas los muros se van aproximando, hilada a hilada, contrarrestando el voladizo hacia el interior de cada una de ellas, por el contrapeso de las piedras que iban quedando hacia el exterior, hasta que la aparente cúpula quedaba cerrada con una piedra clave, que acababa de proporcionar una gran solidez a toda la cubierta. Estas casetas se encuentran en los caminos de Secras y Estiviellas, como la I Travesía.
Texto: J. L. Ona